%205.58.22%E2%80%AFp.m..png)
Y es ahora cuando puedo entender más sobre el amor. Ya no es el enamoramiento de los 23 años… es algo aún mejor: un amor que con el tiempo se vuelve más maduro, más profundo y más disfrutable.
Con los años he entendido que una de las cosas que más sostienen una relación es la admiración. Esa mirada que te hace volver a elegir al otro no solo por lo que es contigo, sino por quién es en su vida.
Admiro su forma de ver el mundo, su manera de trabajar, su claridad, su congruencia. Y creo que eso, más que cualquier otra cosa, es lo que hace que el amor se renueve.
También hemos tenido la fortuna de compartir caminos. Nuestras carreras, de alguna forma, siempre han estado alineadas, y eso nos ha permitido construir juntos y apoyarnos. Desde Caná, que ha sido un espacio tan significativo para nosotros, hasta este nuevo proyecto del Club de Niños y Niñas de Guadalajara, que hoy nos ilusiona profundamente.
Trabajar juntos no siempre es lo más fácil, pero sí ha sido de lo más enriquecedor. Nos ha obligado a crecer, a comunicarnos mejor, a respetar los tiempos y formas del otro… y también a acompañarnos en algo que va más allá de nosotros.
El amor, al menos para mí hoy, no es solo lo cotidiano, que también importa, sino esa capacidad de compartir propósito.
No ha sido perfecto. Ha tenido etapas, retos, momentos incómodos. Pero hay algo que se ha ido haciendo más fuerte con los años: la decisión de seguir caminando juntos.
Hoy, después de 32 años, no tenemos un amor ideal… pero sí un amor real, con raíces, con historia y con admiración. Y al final, eso es lo que importa: seguir eligiéndonos, una y otra vez, con todo lo que somos. ❤️
